martes, 31 de agosto de 2010

MANDAWA

RUTA HACIA MANDAWA


Dejamos Delhi bien temprano para ir hacia el oeste, hacia la región de Shekawati, hacia el desierto del Thar, frontera natural con Pakistán. Y lo primero que nos llama la atención es lo que a simple vista representa la estructura de algo parecido a un circo...


No le prestamos mucha atención, seguimos mirando por la ventana hasta que deja de ser algo esporádico y se va repitiendo a lo largo del camino una y otra vez. Ahora se añaden a la curiosidad, hombres y niños vestidos todos ellos de naranja portando unos objetos que nosotros bautizamos como "cosa rara que llevan sobre los hombros".


Esta claro, esta curiosidad hay que saciarla. Preguntemos a la guía...
Nos explica que son peregrinos. Siempre son masculinos sin importar la edad (toma una porción de choque cultural, donde el machismo es parte fundamental).

Viene a ser lo que aquí conocemos como "el camino de Santiago" pero al estilo hindú. El peregrinaje empieza en el nacimiento del río Ganges, donde supuestamente el agua es más limpia y pura. Recogen agua y la transportan en dichas "cosas raras que portan sobre los hombros" sin dejar que toque el suelo ni una sola vez, hasta que llegan a sus pueblos. Una vez allí, van a su templo y la ofrecen a cualquiera de sus Dioses hinduistas.

Los puntos de descanso, son esas estructuras, donde además de poder descansar y beber agua, montan unos soportes de madera para poder colocar los recipientes del agua y así evitar cualquier posible roce con el suelo, pues se consideraría que el agua queda inmunda y el peregrinaje sería en vano.

Saciada nuestra curiosidad sobre ese punto concreto, nos disponemos a buscar a tráves de la ventana del autobús cualquier otra cosa que sea digna de preguntarse o fotografiarse...

... y en seguida empezamos a disparar con nuestras cámaras. Empezando por la propia autopista en la que nos encontramos.



Lo primero que nos choca es que aunque ya lo habíamos leído un sinfín de veces en otros blogs o en otras diversas fuentes, es el estado de las carreteras, incluso de las autopistas. La cantidad de coches que se hacinan en lo que podrían ser unos pocos carriles. Somos testigos de ver como en una calzada de dos carriles más un arcén, lo que aquí sería una hazaña convertirlo en tres carriles, ellos montan por propia iniciativa nada más y nada menos que cinco carriles transitables y sin importar el sentido de la marcha. Así que imaginad lo que pueden llegar a hacer en una autopista más ancha...
En la foto de arriba se puede ver la cola de un peaje y ninguno de nosotros (un grupo de trece personas) fuimos capaces de contar la cantidad de carriles que se habían formado. El atasco fue monumental!!

Más cosas curiosas relacionadas con el tráfico...
En India, no se rigen por las mismas normas de circulación que en Europa, eso es sabido por todo el mundo. Allí solo recuerdo haber visto un "stop" y ni un solo "ceda el paso". El semáforo existe, y las luces se encienden y apagan, yo doy fe de haberlo visto, pero como lo usan y cuando, es algo que aún no he descubierto.
Los intermitentes los llevan totalmente de adorno. No los usan nunca. Les va mucho más el sonido del claxon. En dicho tema son los putos amos, como diría alguno que conozco...
No solo lo usan a diestro y siniestro, además buscan sonidos diferentes y cuanto más estrafalarios y molestos más parece gustarles.
Prueba de ello son las dos fotos siguientes, donde vienen a decir:

TOCA EL PITO POR FAVOR



En mis dos fotos casualmente, esta escrito de la misma forma, pero a veces son más educados y añaden la palabra "please". Todo un detalle...




Más y más curiosidades a tráves de las ventanas...

Algo que se repite muy a menudo a medida que nos acercamos al desierto, es la rutina de sus gentes humildes. Las mujeres recogen agua de los pozos a las afueras del pueblo con cantaros que llevan sobre sus cabezas, o simplemente cargan arena para transportarla de igual modo. Engalanadas con sus "sarres" contrastan con el monocromo beige de la arena desértica. Los niños trabajan pastoreando rebaños o recogiendo leña para encender fuegos en los que cocinar. Mientras los hombres, se pasan las horas descansando, hablando o jugando a las cartas. (otro de esos enormes choques culturales que tanto duelen).





Aquí alguna muestra de ello...







Algo curioso y halagador, que nos hace sonreír a menudo a las mujeres que viajamos en el autobús, son la cantidad de besos que nos hacen llegar.




Las construcciones que se encuentran regadas por doquier son todo un especulo, en apariencia afirmaríamos que están abandonadas y nada esta más lejos de la realidad. A todas y a cada una de ellas le dan alguna utilidad.









Y si hablamos de los comercios, talleres, farmacias o peluquerías, la cosa aún es más sorprendente. Diminutos cubículos con una única puerta de entrada, sin ventanas ni ventilación, donde cabe nada y menos...
Acaban ocupando buena parte de la calzada para desarrollar la tarea diaria.




Por fin, 283 kms. alcanzados. Ya podemos bajar del autobús, estirar las piernas y disponernos a deambular por las calles de Mandawa.



He aquí una muestra de los modernísimos vehículos de lujo en los que viajamos los turistas... el nuestro es el que se ve justo al final de todo. Aunque casi no se ve, de lunes a martes, no poco, sino nada te apartes.
Al finalizar el día, después de kilómetros y baches, acabamos todos con los dolores de la muerte. No cabe duda que la aventura es la aventura y a pesar de encontrar obstáculos a cual más estrafalario, nunca nos ha dejado tirados en la cuneta. Un diez al autobús y sobre todo y por encima de todo a nuestro conductor!!



Ahora si que si, la bienvenida a Mandawa nos la dan sus niños. Primero tímidamente, uno o dos que se acercan despacio, pero a cada minuto que pasa, se van acercando más y más y acabamos rodeados de todos los niños del pueblo para acompañarnos a lo largo del recorrido.



Llegamos a las havelis, antiguas casas de ricos mercaderes durante el período de la ruta de la seda. Las hay que se conservan en perfectas condiciones.







En todas en las que entramos, nos dejan campar a nuestras anchas. Disfrutamos como niños subiendo empinadas escaleras y descubriendo los infinitos rincones de las azoteas desde las que hay unas vistas increíbles tanto por las edificaciones que se dejan ver, como por el atardecer que nos ha esperado para brindarnos algo de brisa y una bonita luz para culminar el día de forma espectacular.


Hay que ver el poco respeto que tienen por las cosas aún sabiendo el valor histórico... Los grafitis acaban siendo parte de la decoración como algo más que normal!!


Esta foto es un simple recuerdo de una anecdota del día:


Resulta que para visitar estas mansiones, los aldeanos que teoricamente las cuidan, cobran entrada. Nuestro grupo cansado y buscando lavabos más o menos decentes, esta deseoso de poder usar alguno en dichas havelis.
Ellos que son muy largos, nos van engatusando como pueden... este lavabo esta roto,
- en la próxima mansión. Nos dicen ellos.
Llegamos a esa otra, y que curioso, este esta cerrado con candado.
- Segurísimo que en la siguiente... Nos vuelven a decir.
Y así en una tras otra. Mientras, la guía venga a pagar entradas hasta que se nos hinchan las vejígas por no decir otra cosa menos recatada y nos ponemos todos a una...
- buscad la llave donde querais o tirad la puerta abajo, porque de aquí no salimos sin antes pasar por el servicio!!!
Es de suponer que en menos de un minuto, apare la llave que milagrosamente abre el candado.

Finalmente y después de conseguir evacuar fluidos varios, nos despedimos de Mandawa, sus havelis y sus gentes con un montón de reverencias y un “namasté”.

La ruta sigue y sigue... en la siguiente entrada viajaremos pasando por Bikaner para llegar a Gajner.

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